Monday, 26 March 2007

Una tempesta de sorra, de Murakami

Hi ha vegades en què el destí és com una tempesta de sorra molt petita que no para de canviar de direcció. Tu intentes evitar-la, però la tempesta et segueix. Tornes a canviar de direcció, però la tempesta fa el mateix que tu. Això es repeteix una vegada i una altra, com si fos una ominosa dansa amb la mort just abans de l´alba. I això és així perquè aquesta tempesta no és una cosa que hagi vingut de lluny i que no tingui cap relació amb tu. La tempesta ets tu. Alguna cosa que hi ha dins teu. Per tant, l´únic que pots fer és admetre-ho, entrar-hi de ple, tancar els ulls i tapar-te les orelles perquè no t´hi entri sorra, i avançar pas a pas fins a sortir-ne. Dins la tempesta no hi ha sol, ni lluna, ni direcció, i a vegades ni tan sols existeix el temps tal com l´entenem. L´únic que hi ha és una sorra blanca i fina, com d´ossos polvoritzats, que omple el cel. T´has d´imaginar una tempesta de sorra així.
...I no cal dir que te´n sortiràs. Deixaràs enrere aquesta violenta tempesta simbòlica i metafísica. Ara bé, per molt simbòlica i metafísica que sigui, aquesta tempesta és capaç de tallar la carn com mil fulles d´afaitar ben esmolades. La gent sagnarà, i tu també. Serà una sang calenta i vermella. I tu la prendràs amb les mans. Tant la teva com la dels altres.
I quan la tempesta s´acabi, no sabràs com te n´has sortit ni com hi has pogut sobreviure. Ni tan sols sabràs del cert si s´ha acabat. Però una cosa és segura: quan en surtis no seràs el mateix que hi va entrar. Aquest és el sentit de la tempesta de sorra.

2 comments:

Carl N. said...

Cuando le preguntaban a Krzysztof Kieslowski, el director de cine polaco autor de La doble vida de Verónica o Tres colores: Azul, Blanco y Rojo, si creía en el destino, él ofrecía una respuesta un tanto esquiva pero muy reveladora de su pensamiento y de su forma de entender la vida y el cine. Afirmaba que no creía en que estuviésemos predestinados, que cada persona tuviese un destino desde el mismo momento de nacer y que fuese incapaz, hiciera lo que hiciera, de escapar de él. Kieslowski ofrecía, en cambio, un razonamiento bastante coherente pero que dejaba a la vida completamente abierta al azar, lo cual produce mucho más vértigo que el pensar que alguien ya se ha preocupado por organizarnos la vida y todas nuestras circunstancias. Su razonamiento puede resumirse más o menos así: cada persona, cuando nace, encuentra un ambiente social, geográfico, artístico, científico, emocional, etc, que condiciona su primer desarrollo y sus capacidades para desenvolverse en la vida futura. De la combinación de todos estos factores, y también del rechazo a ellos, surgirá una necesidad, una vocación, hacia la que encauzar su vida. Esta vocación nos hará caminar hacia ella, más o menos como describe Eduardo Galeano la utopía, se trata sobre todo de caminar en esa dirección, no tanto de llegar a alcanzar la meta. Kieslowski insiste en que sólo caminando hacia lo que queremos ser podemos llegar a serlo pero que todos los éxitos o fracasos, todos los triunfos, acaban estando determinados en su mayor parte por un azar que no podemos controlar. Para resumirlo en un caso práctico podríamos poner por ejemplo una persona que nace en un ambiente muy literario: su familia tiene muchos libros, sus padres hablan constantemente sobre literatura y tienen amigos escritores que los visitan a menudo. Un niño o una niña que crece en este ambiente tendrá una fuerte relación con la literatura. Supongamos que su vocación es ser escritor o escritora; caminará en esa dirección pero, según el azar, según las oportunidades que encuentre, acabará siendo escritor o escritora (tal vez en su país o en otro país), columnista de un periódico, editor o editora, profesor o profesora, pondrá una librería, trabajará en una biblioteca, etc. Por supuesto todos estos azares pueden ser transitorios y cambiar constantemente según nuevos azares, se puede progresar constantmente en nuestra utopía, lo único necesario es no dejar de caminar, no conformarse con lo fácil.

El cine de Kieslowski parte de estas premisas, incluso tiene una película llamada El azar que ilustra perfectamente su razonamiento: se trata de un film que cuenta tres veces una misma historia, un chico persigue su vocación y para ello debe de hacer un viaje, pero llega muy justo a la estación de tren y según coge o no coge el tren su vida acaba siendo de tres formas completamente diferentes; es decir es un azar, encontrar mucho tráfico, salir tarde de casa, que el tren no se retrase,... lo que determina su vida.
Tal vez, como dice él, no se pueda controlar el azar pero yo estoy convencido de que cuando se quiere de verdad y se cuida con todo el cuidado a la persona que quieres, y que probablemente hayas conocido por un cúmulo de azares, a esa persona no puedes perderla nunca. Por eso yo añadiría a la fórmula de Kieslowki (infancia - vocación - azar) un nuevo elemento, el amor, que nos reconfortaría de ese vértigo, a veces necesario y otras hostil, que produce el azar en nuestras vidas.

Anonymous said...

Res en contra de l'article, però no estic d'acord amb un parell de punts a alguns extenct. Sóc probablement una minoria, però, lol. Gràcies per compartir.